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Artículo publicado por el periódico Guadalajara 2000 el día 3 de junio del 2005, a partir de la exposición del Colectivo en la Sala de Exposiciones de la Diputación de Guadalajara.

La Campiña Baja, el Montmartre parisino

El Colectivo de Artistas CACB, que agrupa a 70 personas, es un volcán cultural con sede en El Casar que agrupa infinidad de disciplinas. Desde la pintura y la ilustración hasta el teatro o la música

Un día de estos, quizás, Mag Bruno, presidente del Colectivo de Artistas de La Campiña Baja (CACB), termine pintando una casita campiñera teñida hermosamente por los colores de la aurora boreal, más propia de los países escandinavos. Quizás. Porque Suecia y El Casar están unidos en la vida de este bohemio anárquico, casado con la fotógrafa lapona Ethel Bergman. Quizás también porque la imaginación y el espíritu optimista de este pintor madrileño, “de Chamberí”, matiza, se vuelca claramente en su obra, llena de colores y trazos perfectos. “Venid, que os enseño mi estudio de invierno”, nos dice. Su casa es la casa de un auténtico pintor que ha viajado por medio mundo: Cuba, Suecia, Francia, Japón, Portugal, Bulgaria, Italia, Ecuador... un chalet en la urbanización Montecalderón acogedor y lleno de signos inequívocos de su afición por la pintura, la libertad, los paisajes, la diversidad de culturas, las gentes y los animales. Y las fotografías que su mujer Ethel ha realizado gracias a su vocación de viajera incansable y su profesión de traductora oficial.

Mag está terminando de pintar unos retratos, “de encargo”. Su estudio de invierno es pequeño, con aroma a pintura y muchos libros. Fuera, en una especie de porche, hay otro caballete. “Aquí pinto cuando llega el buen tiempo”, dice. En su “bodega”, además, guarda cuadros de amigos pintores de medio mundo y algunos realizados hace años. Mientras los enseña, aparta algunos que utilizará para la exposición que sobre El Quijote el colectivo de artistas inaugura esta tarde en la sala de exposiciones de El Casar (abierta hasta el 11 de junio).

De estilo vitalista, la pintura de Mag Bruno se ha fraguado de manera autodidacta, ya que desde su niñez observa a su padre, el pintor Felix González Martos. Sus cuadros se han podido ver en más de 50 exposiciones individuales y colectivas. Desde Kioto hasta Mesones.

En el restaurante

Junto a Mag, forman el colectivo de artistas de la Campiña Baja un total de 64 personas “y se va apuntando cada vez más gente. La verdad es que para ser tantos no nos llevamos mal”, recalca. En realidad, “se puede apuntar el que quiera. El único requisito que se pone es que le guste el arte. No es un colectivo con muchas normas porque somos muy anárquicos, no queremos que nadie influya sobre nosotros. Funcionamos como colectivo pero dejamos trabajar individualmente”. Anárquicos... “y apolíticos”, añade.

Mag lo cuenta entre risas y cafés, en la terraza soleada del restaurante “La Encina” que regenta José Caballero. Es la sede ‘ocasional’, a falta de local, y también sala de exposiciones ‘alternativa’. “No tenemos local todavía. De hecho, nos reunimos aquí, ya lo ves. No sabemos por qué porque todo el mundo sabe que existimos”, dice Mag. ¿Lo habéis solicitado? “Bueno, a medias. Pero es que tampoco las instituciones tienen tantos locales como parece o a lo mejor prefieren… bueno, sabes que en esta zona de Guadalajara gustan más los toros que el arte. Porque en las fiestas se gastan mucho dinero en toros. Con lo que se gastan en un toro nos pagaban el presupuesto de todo un año, pero tampoco me quiero meter con ellos”, explica.

Mag y Ethel están junto a Rosa Mª y su marido A. Latournerie, dos de los grabadores que integran el colectivo. Con los cuatro hablamos de los entresijos, las quejas, los problemas y los inicios. ¿Por qué este colectivo? “Porque en El Casar hay mucho artista”, explican. “Algunos son unos profesionales, otros no, pero hay gente muy aficionada al arte. Hablando entre nosotros dijimos: si es que hay mucha gente que vale pero no tenemos ayuda de nadie. Así que pensamos en hacer una asociación con ánimo de recaudar ayudas por parte del Ayuntamiento e instituciones… para poder exponer, para que nos dejaran salas… para realizar intercambios con otras Comunidades Autónomas o incluso con el extranjero”, señala.

De El Casar a Suecia

El colectivo de artistas de la Campiña Baja no tiene ánimo de lucro. Quien sea miembro, dice Mag, ha de pagar una cuota que se antoja ridícula: 12 euros al año. Y a cambio, se expone. “Lo mínimo, es tres o cuatro veces y, por eso, mucha gente se ha animado”, explica.

Además, la asociación tiene una media de edad entre 40 y 50 años. “El más pequeño tendrá 22 años y el mayor, unos 70. No admitimos menores de edad, más que nada por aquello de tener que entenderte con los padres”. Entre ellos, hay pintores, dibujantes, artesanos, ceramistas, fotógrafos, escultores y artistas no plásticos: teatro, danza, literatura, poesía, música… ¿Estilos? “Todos…je, je, je, en 64, todos… je, je, je, desde naïf hasta hiperrealista, figurativo, abstracto, impresionistas, expresionistas, vitalistas como yo… artesanía clásica y moderna, escultura de madera, barro, bronce, mármol… grabado”.

El colectivo es español en su mayoría, pero también existe ‘materia prima’ internacional (gracias a una exposición hecha en el extranjero). “Mi mujer es de Suecia y yo ya he expuesto varias veces allí”, añade Mag. Por eso no es extraño que entre los espacios donde todos han mostrado sus piezas se encuentren lugares como el Folkets Hus de Gällivare, Hakkas, Yrttivaarao, Malmberget (todas ellas, localidades suecas). “Ahora, esperamos que nos salga en Finlandia y Noruega”, confía. Ethel Bergman toma la palabra. Parece tímida. Pero, al final, se arranca: “Con nieve, con tormenta… hemos expuesto varias veces, en museos, en bibliotecas…” ¿En Suecia es más fácil? “Sí. Mira, una vez se inauguraba una exposición a las 12 en punto. Cuando se descorrió la cortina”, recuerda, “había 80 personas esperando”. Mag apostilla: “Cuando la gente lleva 20, 25 años en una empresa aquí se regala un reloj o una insignia, cosas de esas… allí te dan a elegir entre una placa o una obra de arte. Aquí, lo que pasa también es que das una patada, y sale un pintor… por eso no está tan considerado”, finaliza.

Los toros, competencia de los artistas plásticos

En Guadalajara, el colectivo expuso por vez primera en la Sala de Arte de la Diputación Provincial entre los pasados 20 y 27 de mayo. Es muy difícil (no lo dudan) exponer, aunque hacen autocrítica. "Quizá no nos hemos dado a conocer hasta ahora aunque estemos dados de alta. Porque hay colectivos menores que nosotros y menos importantes que estén recibiendo más ayudas que nosotros. Quizá porque no lo hemos sabido hacer... de todas formas aquí también son muy localistas, si yo voy a Brihuega, por poner un ejemplo, es muy difícil, salvo que sea una cosa muy importante ¿por qué? Porque prefieren gente de Brihuega. Cuando hasta los de Brihuega podían pertenecer a nuestra asociación. No se... el diputado de Cultura nos decía el otro día que no sabia nada de nosotros, quizá el Ayuntamiento de El Casar podría habemos ayudado un poco mas, porque seriamos su representación artística. Quizá nuestra competencia sean los toros", afirma Mag.

No se apoya la cultura

Rosa Mª es clara al hablar de los problemas: "Lo que ocurre también en estos pueblos que estén teniendo una expansión demasiado fuerte. Tienen tantas cosas elementales de las que ocuparse como infraestructuras -por ejemplo, ahora, la Concejalía de Educación y Cultura de El Casar están ocupadas creando plazas escolares de Primaria y Secundaria, instalaciones deportivas...- que todo lo demás, no se puede ni tocar.

El Casar hay un montón de asociaciones de todo tipo, dos de ellas de arte con menos socios. Te limitas a entregar la programación anual, dentro de la partida presupuestaria que tiene para asociaciones, le da un presupuesto, lo reparte como subvención y no se pueden hacer muchas más cosas porque la actividad municipal no da más de si". En cualquier caso, ¿creéis que se apoya la cultura? "Creo que no se apoya.", continua Rosa. "A nivel municipal, creo que no se pueden hacer muchas más cosas, pero es que tampoco hay una mentalidad de cultura. El Casar tenía una sala de exposiciones, que se tuvo que cerrar para montar el Centro de la Mujer. A cambio, se propuso que el bar que hay en la plaza se transformara en sala de exposiciones. Se llevó a Pleno y no se aprobó. En cambio, si se aprobó una moción intermedia que dejaba la mitad del espacio para bar y la otra mitad, como sala de exposiciones. Yo asistí a ese Pleno y hubo un concejal que dijo: como a mi me gusta el ambiente que da el bar a la plaza, yo voto porque siga estando el bar. Yo no le pido que haga viviendas solo una sala de exposiciones y usted esta anteponiendo el ambiente a una rata de exposiciones. Ahora han vuelto a dotar una nueva. La verdad es que no es muy grande pero... Es una continua lucha", concluye.